A todos aquellos maestros y personas anónimas que con su ejemplo crean un mundo mejor y marcan la diferencia.

Hace unas semanas me encontré, en la carga de unos contenedores benéficos para la región de Bangassou, con unos chicos del Instituto Blas Infante, se habían enterado de que necesitábamos ayuda, y sin preguntar prácticamente nada, nos acompañaron durante todo un día de trabajo.

– ¿Y cómo es que habéis venido?– pregunté

          – Nos enteramos que necesitáis ayuda– respondieron

– ¿Y vais a todos los sitios que se necesita ayuda?

         – Si nos enteramos y podemos si, así nos enseñó a hacerlo nuestro profe de  teatro del año pasado, el nos decía que ayudáramos siempre que pudiéramos,él así lo hacía, aprendimos con su ejemplo.

El grupo del que hablo es un grupo heterogéneo, con personalidades totalmente diferentes, que abarca de los 14 años a los 18, daba la sensación de que se sentían como una familia, se ayudaban y se cuidaban los unos a los otros, y esto, esta maravilla, la inició un profesor de teatro con su ejemplo.

¿Cuántas horas darían teatro? ¿Dos, tres horas a la semana? Sin embargo, este profesor fue capaz de conectar con sus alumnos, de llegar a ellos de una manera tan impactante, que creó un grupo autónomo comprometido con la sociedad. Sin duda, vió lo bueno de ellos y los invitó a crear un mundo mejor, les transmitió unos valores y una forma de vida que en muchos casos no es entendida por el resto de la sociedad,  porque posiblemente, pocos entenderían que con  17 años no salgan un fin de semana porque han decidido colaborar con tal o cual asociación como voluntarios.

“Si vemos que alguien necesita ayuda, vamos” Impresionante.

Y mi cabeza empieza a pensar

¿cuánto podemos influir en los demás?

¿somos conscientes de que estamos transmitiendo en todo momento?

¿Cuidamos nuestro mensaje, el que le transmitimos a nuestros amigos, padres, hijos, alumnos…a nosotros mismos?

¿Por qué hay personas que marcan la diferencia?

Yo creo que todos podemos marcar la diferencia, para ello sólo tenemos que ser auténticos, mostrarnos sin disfraces, darnos a los demás con todo el corazón, ver más allá de lo aparente, perdernos en la infinidad de una mirada descifrando los enigmas de estas para poder llegar a los más profundo del alma, ver la grandeza de cada una de las personas que nos rodean, y ayudarles a  reconocerla si lo necesitan, tratar a todas las personas como únicas, auténticas, especiales…porque lo son.

Y… ¿en quien recae la responsabilidad del ejemplo? en los padres y profesores, ¿no?, esa es la respuesta fácil. Está claro que ambos deben dar ejemplo, pero no evitemos nuestro deber, porque vivimos en sociedad y de nosotros depende cómo sea esta. La responsabilidad de dar un buen ejemplo recae en , en .

“Para educar a un niño hace falta una tribu entera” dice un proverbio africano.

Quizás lo complicado es que primero tenemos que “reeducarnos”, y comportarnos como aquellos ciudadanos que queremos que sean nuestros pequeños, y uno ya está mayor para cambiar ciertas cosas, porque siempre he sido así y tampoco es para tanto… excusas. En nosotros está la opción de elegir que somos en cada momento, de decidir, de ser.

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