De todos es conocido que el cerebro se divide en dos hemisferios, el izquierdo y el derecho. En el hemisferio izquierdo se desarrolla el pensamiento matemático, analítico, racional. Es la parte que la gran mayoría de personas tienen más potenciada. Pero ¿qué ocurre con la gente que tiene el hemisferio derecho más desarrollado?

Son personas más creativas, imaginativas y capaces de soñar despiertas muy a menudo. Dentro de este hemisferio están integrados varios tipos de información como las imágenes, los sonidos, los olores…las sensaciones en general.

En este tipo de personas podemos incluir a los pintores, dibujantes, músicos, etc. La pregunta que todos podemos hacernos a continuación está clara: ¿podemos estimular nuestro hemisferio derecho? Por supuesto que .

Para muchos de nosotros, el hemisferio izquierdo es el dominante y es estimulado en las escuelas desde que somos muy pequeños.

Una buena forma de convertirnos en seres más creativos es dejar volar nuestra imaginación. Imaginar cosas y escribirlas o dibujarlas. Puede ser nuestro secreto. Tener un cuaderno en blanco que sólo nosotros sabemos que existe y dibujar lo que queramos en él. Nadie tiene por qué saberlo ni verlo.

Y si queremos rizar el rizo, podemos hacer muchas cosas con la otra mano, es decir, si somos diestros, probar con la izquierda y viceversa. También podemos comer con la otra mano, darle a la pelota con nuestro pie “malo” y muchas cosas más…en definitiva sería poner nuestro mundo al revés.

Otra forma de desarrollar nuestro hemisferio derecho podrían ser los trabajos manuales, como en el colegio. Pintar, recortar, hacer origami…etc. Hay muchísimas maneras de aprender a ser creativos.

Si entramos al colegio sin saber los números y terminamos haciendo cálculos, ecuaciones y operaciones muy complejas como integrales o derivadas ¿quién nos dice que no podemos aprender a dibujar, cantar, escribir, modelar…etc.?

Todo está en la mente y en nuestra actitud ante la vida. Hay que tener muy presente que nuestros límites nos los ponemos nosotros mismos.

¿Y tú? ¿Dónde has puesto tus límites? ¿Te has parado a pensarlo? ¿Y a tus hijos qué límites les pones?

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