Nadie nace sabiendo, ni con una guía que nos enseñe cómo ser mejores personas o, aún más importante, ser padres o madres.

Centramos nuestro esfuerzo en dar lo mejor a nuestros hijos, en darles una buena educación, ofrecerle diferentes actividades extraescolares para que obtengan la mejor formación… pero hay ocasiones en que se nos escapan esas pequeñas minucias… Gestos, palabras, o expresiones sin intención alguna, pero que se escapan

El lenguaje positivo es tan necesario como el medicamento que le proporcionamos cuando está enfermo, el desayuno que preparamos cuando se despierta o el beso que le damos al dejarlo en el colegio.

Con el lenguaje positivo estamos reforzando su autoestima, su autoconcepto y fomentando unas buenas bases de confianza en sí mismos, ya que, aunque no lo sepamos el lenguaje de nuestros padres, para lo bueno y lo malo, nos cincela pudiendo otorgarnos seguridad y en el caso contrario ofreciéndonos la frustración y la ira.

Este niño nos ha salido mal estudiante”

No se que hacer contigo ya, que no haces NADA bien”,

y más frases de este tipo que a veces usamos con desconocimiento total de su efecto, pueden llevar al niño que desarrolla su infancia a unir conceptos a su propia identidad, ya que justo en esta edad nuestra mente está en constante categorización de conceptos. ¿Esto en que se traduce? en una frase que al oírla un número no muy elevado de veces tiene que empezar a preocuparnos:

“NUNCA ME SALE NADA BIEN”

¡ALARMA! Nuestro objetivo como padres, educadores, monitores, profesores y orientadores siempre será el incentivar la capacidad de ellos para sentirse seguros y con confianza.  ¿Por qué? Pues, porque lo más probable si no se ve capacitado y no recibe apoyo, es que genere una comodidad con este disfraz que le proporciona la frase evitando cualquier tipo de obligación u objetivo, para así evitar también la sensación negativa que le produce la frustración de “No ser capaz”.

En ese momento tenemos que ser el motor de su confianza, para generar en ellos la suficiente motivación, como para que vuelvan a intentarlo… frases tales como “Venga, que cada vez te sale mejor” o “Seguro que puedes hacerlo” nos ayudarán a que nuestros hijos tengan una Educación en positivo.Evitar las ironías, ya que no suelen entenderlas hasta los 6 años de edad, y transmitir mensajes claros, verbales y corporales, al niño también ayudarán a su desarrollo psicológico y personal. La mayoría de las veces en nuestras vidas de adultos decimos más de lo que pretendemos, porque no damos demasiada importancia a nuestra forma de comunicarnos, en ocasiones hasta nos expresamos mejor con desconocidos, que con nuestros propios hijos o nosotros mismos.

En definitiva, el lenguaje positivo es indispensable en nuestra vida cotidiana, en nuestros círculos relacionales y a la hora de educar a las futuras generaciones

¡Educa en Positivo, educa para el Éxito!

 

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